Viajar siempre ha sido una forma de conocer el mundo, de encontrarnos con otras culturas y de ampliar nuestra mirada. En los últimos años, sin embargo, esta práctica también se ha convertido en un espacio de reflexión crítica. Surgen entonces preguntas clave: ¿qué impacto tiene el turismo en los territorios que visitamos? ¿quién se beneficia realmente de esta actividad? ¿Y cómo se relaciona con las desigualdades económicas, sociales y ecológicas más profundas?
Hablar de sostenibilidad en el turismo implica, por un lado, reconocer que nuestras decisiones como viajeros importan. Pero, por otro lado, exige comprender que el turismo funciona como un sistema estructural, atravesado por relaciones de poder, asimetrías globales y dinámicas económicas que no se resuelven únicamente mediante elecciones personales. Incluso los viajes considerados “conscientes” pueden seguir contribuyendo a las desigualdades si no se cuestiona el modelo que los posibilita.
Desde esta perspectiva, viajar suele asociarse con el descanso, el descubrimiento y la libertad: cambiar de paisaje, de idioma, de ritmo. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que cada viaje también deja huellas, tanto en los territorios que visitamos como en las personas que nos reciben y en los ecosistemas que sostienen la experiencia. Así, la pregunta no es si viajar está “bien” o “mal”, sino cómo viajamos y desde qué lugar lo hacemos.
Slow Travel: una forma distinta de viajar, con retos aún pendientes
En este contexto, el Slow Travel, que propone quedarse más tiempo en menos lugares y conectarse más profundamente con lo local, ha surgido como una respuesta al turismo de masas. Esta forma de viajar puede brindar experiencias más ricas y, al mismo tiempo, reducir algunos tipos de “turismo de consumo rápido”.
No obstante, el Slow Travel sigue respondiendo principalmente a decisiones individuales y, por sí solo, no altera las lógicas estructurales que sostienen el sistema turístico. Persisten así la concentración de poder económico y la desigual distribución de beneficios, que generan desigualdades entre viajeros y comunidades anfitrionas. Esto ocurre porque muchas de las decisiones que determinan los destinos turísticos, los planes de desarrollo urbano, los incentivos fiscales, los mercados de tierras, la propiedad del suelo o la infraestructura están fuera del control de los viajeros individuales.
Responsabilidad individual vs. sistema turístico
De manera similar, es común que las recomendaciones de turismo sostenible se centren en acciones individuales: viajar fuera de la temporada alta, reducir emisiones o apoyar negocios locales. Estas prácticas son valiosas y necesarias, pero pueden desviar la atención de factores estructurales más profundos, como la desigual distribución de ingresos, la falta de participación real de las comunidades en la gobernanza turística y la concentración de los beneficios en pocos actores económicos.
Aunque las decisiones individuales de los viajeros son relevantes, diversos estudios advierten que centrar la sostenibilidad únicamente en el comportamiento personal puede invisibilizar las dinámicas estructurales y las relaciones de poder que sostienen el sistema turístico global (Bramwell et al., 2017).
Volar menos, quedarnos más: repensar el traslado
A estas tensiones se suma la crisis climática, uno de los desafíos más urgentes del turismo. El transporte, especialmente los vuelos de larga distancia, representa una proporción significativa de las emisiones asociadas al turismo global. Sin embargo, no todas las personas contribuyen de forma equivalente a este impacto: una pequeña fracción de viajeros genera la mayoría de las emisiones, lo que evidencia profundas desigualdades en el acceso a la movilidad internacional.
Abordar la crisis climática desde una perspectiva de justicia requiere, por tanto, cuestionar no solo cómo se reducen las emisiones, sino también quién tiene acceso prioritario a esa movilidad, dónde se concentran los impactos y cómo estos se distribuyen en los destinos visitados, muchas veces sin una contrapartida social para quienes habitan esos territorios.
En este contexto de crisis climática y desigualdad social, el turismo se ha consolidado como una actividad con profundos impactos. Estudios recientes estiman que en 2019 fue responsable del 8,8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Además, una investigación liderada por la University of Queensland y publicada en Nature Communications señala que las emisiones del turismo crecieron un 3,5 % anual entre 2009 y 2019, y que la aviación concentra aproximadamente la mitad de ese total.
Estos datos no buscan generar culpa, sino conciencia: la forma en que viajamos importa. Al mismo tiempo, reducir el debate únicamente a las emisiones sería una simplificación excesiva. Viajar también puede generar empleo digno, fortalecer identidades culturales y sostener economías locales… o, si no se gestiona con cuidado, provocar exactamente lo contrario.
Comunidades anfitrionas: en el centro del impacto
El turismo no es una actividad neutra para los territorios que lo reciben. Diversas investigaciones muestran que, cuando no existen mecanismos claros de participación y gobernanza local, el turismo puede generar tanto beneficios como cargas sociales para las comunidades anfitrionas. Entre estas cargas se incluyen la presión sobre los recursos naturales, los cambios en los modos de vida locales y la aparición de tensiones socioculturales, especialmente en contextos rurales o con una fuerte identidad cultural.
Un estudio reciente sobre turismo sostenible liderado por comunidades en destinos rurales demuestra que la participación activa de la población local en la planificación y gestión del turismo es un factor clave para evitar estos impactos negativos y asegurar que los beneficios económicos, sociales y culturales permanezcan en el territorio (Turčinović et al., 2025). Los autores subrayan que cuando las comunidades tienen voz real en la toma de decisiones, el turismo tiende a alinearse mejor con los valores locales, a reducir conflictos sociales y a fortalecer el sentido de pertenencia y el control sobre el desarrollo turístico.
Asimismo, la investigación identifica que la falta de participación comunitaria suele derivar en modelos turísticos en los que los beneficios se concentran en actores externos, mientras que las comunidades locales asumen los costos sociales y ambientales del desarrollo turístico (Turčinović et al., 2025). Esto refuerza la idea de que no basta con promover prácticas individuales responsables por parte de los viajeros, sino que es indispensable incorporar estructuras de gobernanza participativa que reconozcan a las comunidades anfitrionas como actores centrales del sistema turístico.
Desde esta perspectiva, situar a las comunidades en el centro del impacto no es solo una cuestión ética, sino una condición necesaria para que el turismo contribuya de manera real a la sostenibilidad, la equidad y la justicia social en los destinos.
Overtourism: el costo social de la saturación turística
El fenómeno del overtourism, la saturación de los destinos y sus efectos negativos sobre la vida cotidiana de las comunidades locales constituyen una manifestación clara de estas tensiones. La Organización Mundial del Turismo (OMT) lo define como la situación en la que el número de visitantes influye negativamente tanto en la calidad de vida de las personas que habitan un destino como en la experiencia de los propios visitantes.
El overtourism no se limita a la presencia excesiva de visitantes, sino que refleja desequilibrios estructurales del sistema turístico que impactan directamente en la vida cotidiana de las comunidades anfitrionas. Cuando el turismo crece sin mecanismos de regulación ni participación local, tiende a intensificar la presión sobre la vivienda, el espacio público, los servicios básicos y los recursos comunes, generando conflictos sociales y una pérdida de calidad de vida para quienes habitan los destinos.
La literatura reciente subraya que estos procesos no son coyunturales, sino el resultado de una economía política del turismo orientada al crecimiento, en la que la acumulación de capital y la concentración de beneficios prevalecen sobre el bienestar social. Milano y Koens explican que la turistificación transforma territorios habitados en espacios de consumo, desplaza usos cotidianos y profundiza desigualdades sociales, especialmente en contextos urbanos y en destinos altamente dependientes del turismo (Milano & Koens, 2022).
Desde esta perspectiva, el overtourism debe entenderse como una manifestación de injusticia social y territorial, más que como un problema de “mal comportamiento” de los turistas individuales. Abordarlo requiere ir más allá de soluciones técnicas o de narrativas de responsabilidad personal e incorporar enfoques que cuestionen las estructuras de poder, la gobernanza del turismo y la distribución desigual de costos y beneficios entre visitantes, empresas y comunidades locales (Milano & Koens, 2022).
Viajar distinto también implica cambiar las reglas
Frente a este escenario, la idea de que “el verdadero lujo está en vivir experiencias con profundidad” puede ayudar a desplazar el enfoque de una cultura de consumo acelerado. Sin embargo, esta narrativa resulta insuficiente si no se acompaña de cambios en las políticas públicas, los marcos regulatorios y las estructuras económicas que determinan qué viajes son posibles, cuáles son rentables y quién se beneficia de ellos.
La investigación contemporánea sobre turismo sostenible propone, por ello, enfoques que integren justicia social, redistribución de recursos, preservación cultural y participación equitativa en la gobernanza como elementos esenciales para que el turismo funcione realmente como una fuerza positiva de cambio. Desde una perspectiva reciente, el turismo es cada vez más analizado como una cuestión de justicia social y climática, en la que la redistribución de beneficios y la equidad en la movilidad se vuelven elementos centrales del debate (Higgins-Desbiolles et al., 2023).
Un punto de partida para viajar de forma más responsable
En este marco, las recomendaciones prácticas para viajar de forma más responsable, como reducir residuos, respetar las culturas locales o apoyar iniciativas comunitarias, siguen siendo útiles y accesibles. No obstante, estas acciones individuales deben entenderse como parte de un esfuerzo más amplio que incluya políticas públicas orientadas al bienestar comunitario, marcos legales que protejan los derechos y los recursos locales, mecanismos de participación efectiva de los residentes, redistribución de beneficios y reconocimiento de los límites ecológicos y sociales.
Más presencia, menos prisa: otra forma de viajar / Viajar con sentido en un mundo compartido
La transformación personal y la consciencia individual son puntos de partida valiosos. Sin embargo, sin un cuestionamiento explícito del modelo turístico dominante, caracterizado por desigualdades socioeconómicas y asimetrías globales, el turismo “consciente” corre el riesgo de convertirse en una narrativa insuficiente que reproduce, enmascara o incluso exacerba las desigualdades existentes.
Hablar de sustentabilidad en el turismo implica, en última instancia, hablar de justicia, poder y responsabilidad colectiva, donde los beneficios se distribuyan de manera equitativa, se preserve la dignidad cultural y se respete el bienestar de las comunidades anfitrionas.
Por: Mtra. Sonia Nápoles Vértiz
Ingeniera en Desarrollo Sostenible, Tec de Monterrey
Maestría en Ciencias de la Sostenibilidad, UNAM
correo: snkvertiz@gmail.com
Referencias
Ajuntament de Barcelona. (2023).
Percepció ciutadana sobre l’impacte del turisme.
Bramwell, B., Higham, J., Lane, B., & Miller, G. (2017).
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https://doi.org/10.1080/09669582.2017.1251689
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Surging global tourism emissions are driven by just twenty countries: Major new study. The Conversation.
https://theconversation.com/surging-global-tourism-emissions-are-driven-by-just-20-countries-major-new-study-244036
Milano, C., & Koens, K. (2022).
The paradox of tourism extremes: Excesses and restraints in times of COVID-19. Current Issues in Tourism, 25(2), 219–231.
https://doi.org/10.1080/13683500.2021.1908967
Sun, Y. Y., Faturay, F., Lenzen, M., Gössling, S., & Higham, J. E. S. (2024).
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Turčinović, M., Vujko, A., & Stanišić, N. (2025).
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https://doi.org/10.3390/su17072878
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Hotel Water Measurement Initiative (HWMI).