¿Podemos disfrutar del Mundial de Fútbol 2026 y aprovecharlo como una oportunidad para visibilizar problemáticas y reflexionar sobre el futuro que queremos construir? En México, el fútbol se ha convertido en un símbolo de nuestra identidad. Es un medio para reconocernos y nos permite sentir que pertenecemos a una comunidad y en el contexto del mundial, este sentimiento se amplifica. No obstante, así como incrementa el sentido de pertenencia, también visibiliza las desigualdades y tensiones de las ciudades en una realidad imposible de ignorar como lo es la crisis climática.
La última vez que se vivió un mundial en México aún se tenían los estragos del terremoto de 1985 en la Ciudad de México, de magnitud de 8.1 grados y aún con escombros, la orden siguió siendo “hay que prepararnos para el mundial” (Laurent, 2025). Cuatro décadas después la narrativa no ha sido muy diferente. Mientras la emoción crece en las sedes mundialistas del país, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, también las preguntas sobre la movilidad, la seguridad y el derecho a la ciudad. A diferencia de 1986, actualmente nos enfrentamos a temperaturas extremas, lluvias impredecibles y una mayor presión sobre los recursos e infraestructura urbana ¿México está listo para un mundial en medio de la crisis climática? ¿Para quién es este mundial?
El fuera de lugar de la sostenibilidad
Hoy en día, cuando se habla de sostenibilidad, no se refiere únicamente a plantar árboles o a reciclar pues vivimos en sistemas interconectados. Por ejemplo, la mala calidad del aire no sólo depende de las emisiones de la industria o de los automóviles, sino también de las condiciones atmosféricas y la planeación urbana. Lo mismo sucede con los golpes de calor que no sólo incrementan con las altas temperaturas, sino también con el efecto isla de calor urbano y la poca disponibilidad de áreas verdes.
Por ello, hablar de un mundial hoy es hablar de sostenibilidad. Algunas proyecciones estiman que, durante el Mundial, México podría recibir 768,00 visitantes o incluso hasta 5,5 millones (González, 2026). Sin embargo, aunque existan diferentes estimaciones, el aumento de visitantes pone bajo presión la infraestructura urbana y la movilidad.
A pesar de las estrategias de sostenibilidad que se implementan en las sedes como el uso de energía renovable, el riego eficiente o la promoción de un turismo sostenible (FIFA, 2026), investigadores han mencionado que este podría ser el mundial más contaminante de la historia.
La crisis climática, el estadio donde se juega
Este mundial es diferente. No sólo serán 48 equipos en lugar de 32, sino que en 16 ciudades de tres países diferentes se estarán jugando 106 partidos en lugar de 64 como mundiales anteriores. Esto lleva a que futbolistas, directivos, sus equipos técnicos, aficionados, entre otros, se trasladen principalmente en avión. Con esta cantidad de vuelos, de partidos y la distribución geográfica, se estima que se generan más de 9 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (tCO2e) (The New Weather Institute, 2025). El mundial podría emitir lo que una gran ciudad genera de gases efecto invernadero en un año (Mancilla, 2026).
Aunque la crisis climática parezca ajena a las actividades mundialistas, sus consecuencias son el verdadero estadio. El informe FIFA´s Climate Blind Spot (2025) advierte que 8 estadios presentan altas condiciones de vulnerabilidad, principalmente al calor extremo. Tan solo en el 2023, una onda de calor hizo que se superaran los 44°C tanto en Miami como en Monterrey, y este año, la visita de millones de personas (la mayoría poco familiarizadas con las condiciones climáticas) ejercerá mayor presión sobre el sistema eléctrico y la necesidad de espacios de enfriamiento accesibles, a la par de que incrementa el riesgo para la salud.
Bajo este panorama, cobra mayor valor que se impulsen estrategias de mitigación y adaptación que resguarden el bienestar de todas las personas, tanto extranjeros como locales y sobre todo, es importante considerar cómo no exacerbar las desigualdades frente a esto.
El futbol es un medio para descansar y conectar
Con más de 2,038 horas al año, México es el país donde más se trabaja; además, éste tiene una diferencia de hasta mil horas adicionales en comparación con países como Alemania, Noruega o Reino Unido, eso sin considerar el salario (OCDE, 2025). Bajo este contexto, el tiempo libre se ha convertido en un privilegio y, por lo tanto, el ocio y el descanso se vuelven casi un lujo.
En este panorama, el fútbol se vuelve más importante. Ya no es sólo un deporte, sino una oportunidad para convivir con amistades, familiares y hasta personas desconocidas, que, sin darse cuenta, están construyendo sentido de pertenencia. Por lo tanto, el futbol es un medio para tejer comunidad.
Habitar las contradicciones
A pesar de que el mundial promete ser una fiesta para todas las personas, en la práctica esto no siempre es así. Los altos precios de los boletos a los estadios, la contratación forzosa de plataformas de pago para ver los partidos y espacios públicos que transforman la experiencia futbolera en una oportunidad de consumo limitan el acceso de la población a este festejo y fortalecen la capitalización de las pasiones de la sociedad.
Por lo tanto, la cuestión no ronda entre disfrutar el Mundial o criticarlo, ambos temas pueden coexistir en una persona, pues el ser humano es contradictorio por naturaleza. Puede existir emoción por un gol o el hecho de que es el primer Mundial de Armando “La Hormiga” González y, al mismo tiempo, hacernos estas preguntas incómodas de quién tiene acceso a este evento, qué presiones genera sobre la ciudad, qué modelos de desarrollo seguimos reproduciendo y qué significa celebrar el mundial que podría ser el más contaminante de la historia en medio de la crisis climática que ya sufrimos.
El reto está en aprovechar la euforia colectiva para visibilizar las desigualdades que pueden pasar desapercibidas en otras ocasiones y preguntarnos en qué tipo de ciudades queremos habitar después de que un equipo levante la copa.
Por: Mariana Peña Laureano
Coordinación de Evaluación e Integración de Iniciativas, Ruta Azul
Tecnológico de Monterrey
mariana.pena@tec.mx
Las opiniones emitidas por el autor de este contenido se hacen a título personal y no reflejan un posicionamiento institucional.
Referencias
FIFA. (2026). Environmental pillar. https://inside.fifa.com/tournament-organisation/world-cup-2026-sustainability-strategy/environmental-pillar
González, L. (2026). De verdad, ¿vendrán 5 millones de turistas al Mundial? https://www.eleconomista.com.mx/opinion/verdad-vendran-5-millones-turistas-mundial-20260520-814450.html
Laurent, S. (2025). Mundial 1986: ¿Cómo era México en el año en que recibió su última Copa del Mundo? https://oem.com.mx/elsoldemexico/cultura/mundial-1986-como-era-mexico-en-el-ano-en-que-recibio-su-ultima-copa-del-mundo-27145512
Mancilla, A. (2026). 2026: la Copa del Mundo más contaminante de la historia. https://www.espn.com.mx/futbol/nota/_/id/16802129/copa-del-mundo-2026-contaminante-historia
Reyes, L. (2026). México trabaja más que nadie… pero gana mucho menos, de acuerdo con la OCDE. https://www.record.com.mx/historia/mexico-trabaja-mas-que-nadie-pero-gana-mucho-menos-de-acuerdo-con-la-ocde-2026021121541812306
The New Weather Institute. (2025). FIFA’s Climate Blind Spot. https://www.newweather.org/wp-content/uploads/2025/07/FIFAs_climate_blind_spot.pdf