¿Te has preguntado cómo impacta en el planeta subirte al automóvil para ir al trabajo, a la escuela o de compras? Nuestros desplazamientos diarios, esos trayectos que parecen triviales, en realidad modelan el futuro de nuestras ciudades y del planeta. Por ejemplo, imagina que decides ir caminando a la tienda de la esquina en vez de sacar el auto: ese pequeño cambio no solo reduce las emisiones, sino que también suma minutos de actividad física y mejora tu salud. El mundo enfrenta una emergencia climática sin precedentes y millones de personas padecen enfermedades asociadas a la inactividad física. Cambiar nuestra manera de movernos puede contribuir a resolver ambos problemas.
Inactividad física y su relación con el cambio climático
Nuestras ciudades crecen y la vida se acelera; sin embargo, cada vez los seres humanos nos movemos menos físicamente. Uno de cada tres adultos no realiza suficiente actividad física, lo que contribuye a enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad. Según datos de 2023, el sector transporte generó el 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 23% de las emisiones globales de dióxido de carbono; el auto privado es responsable de alrededor del 10% de estas últimas emisiones a nivel global. Las ciudades diseñadas para autos desincentivan caminar y andar en bicicleta y generan emisiones que aceleran el calentamiento.
La relación entre la inactividad física y el cambio climático plantea tanto oportunidades como desafíos. El transporte activo, como caminar o andar en bicicleta, contibuye a abordar varios problemas. Caminar o andar en bicicleta por transporte ayuda a cumplir con la actividad física recomendada (150 minutos moderados a vigorosos a la semana) para obtener beneficios para la salud. Por otro lado, también mejoramos la salud mental y cardiovascular, reducimos las emisiones y mejoramos la calidad del aire.
Varios estudios demuestran que las estrategias basadas en evidencia pueden combatir la crisis climática y mejorar la salud pública. Estas estrategias generan beneficios directos e indirectos en muchos sectores (p.ej., salud, transporte, energía y desarrollo territorial). Estrategias de mitigación ante las olas de calor, como el reverdecimiento de las ciudades o la creación de planes de prevención ante el calor, pueden aumentar la tolerancia humana a ellas. Invertir en infraestructura urbana que priorice el transporte público, los parques, los espacios públicos y el transporte activo reduce las emisiones y la inactividad física.
Este tipo de cambios ya ocurre a nuestro alrededor. Por ejemplo, las ciclovías y el sistema de bicicletas compartidas Ecobici en la Ciudad de México, incrementaron el número de ciclistas y mejoraron la calidad del aire. Fomentar el transporte activo a través de intervenciones en infraestructura urbana puede prevenir millones de muertes prematuras al año y reducir las emisiones de carbono. A largo plazo, estos cambios mejoran la salud de las personas y la estructura urbana de nuestras ciudades.
Debemos abordar esto con una visión crítica. En México y en otros países de Latinoamérica, la infraestructura urbana segura y digna está distribuida de manera desigual y quienes más caminan tienen menos acceso a esta. Por otro lado, las iniciativas de mitigación o resiliencia climática, suelen excluir a los grupos más vulnerables al cambio climático en el diseño e implementación de estas. Es por eso que, las soluciones integrales que busquen mitigar el cambio climático y promover el transporte activo, deben priorizar la equidad y la justicia social.
Soluciones colectivas
Entonces, ¿qué puedo hacer yo como individuo? Podemos empezar con cambios individuales pequeños, como priorizar el uso del transporte público o caminar cuando nos sea posible, tanto en trayectos cortos como en largos, en lugar de priorizar nuestro auto particular. Cada viaje, cada vuelta de la rueda de una bicicleta y cada trayecto en transporte público son pasos hacia una ciudad más saludable y sostenible.
Sin embargo, debemos ir más allá de las acciones individuales y actuar colectivamente. Además de abogar activamente por políticas públicas en distintos sectores (p.ej., salud, transporte, energía, desarrollo urbano) que prioricen el transporte activo y la creación de entornos urbanos diseñados para las personas, podemos involucrarnos de manera concreta en nuestra comunidad. Participa en grupos locales, únete a campañas ciudadanas a favor de calles seguras y de un transporte público eficiente, o asiste a reuniones con tomadores de decisiones. Apoya iniciativas que promuevan infraestructura ciclista y peatonal, o colabora con los comités participativos de tu colonia para solicitar mejoras en la infraestructura local.
Este es un largo camino por recorrer en el que debemos reconocer que nuestras acciones cotidianas no sólo tienen un impacto en nuestra salud individual. Si trabajamos como comunidad, podemos transformar nuestras ciudades en lugares más resilientes y sostenibles y, a la par, tener un impacto en la salud de nuestras comunidades.
Por: Eugen Resendiz Bontrud
Profesora investigadora y Fellow del Centro para el Futuro de las Ciudades y la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México
Miembro del comité ejecutivo fundador y Directora de membresías y redes regionales del Observatorio Global de Ciudades Saludables y Sostenibles
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