Hace no mucho, en un intercambio de mensajes -que ahora pareciera, esa es la forma de platicar más habitual- en ese ir y venir de ideas entretejidas con estos momentos donde los pensamientos están inundados por preocupación climática y geopolítica, entre que intentaba que mis letras no sonaran a quejumbre y angustia, sólo alcancé a soltar una frase en un intento de apapacho: “la vida también es reflexión… sólo así se vuelve sostenible”.
A los días, esa frasecita que brotó de un recoveco sin pensar, cobró sentido. En el Artículo Vida Sostenible, El costo climático invisible de tirar comida, su autora parte justo de plantearnos casi desde la semilla, el pensar en los procesos de generar nuestros alimentos y cómo llegan a nuestras mesas, las porciones que no controlamos si comemos fuera de casa, y entonces, lo terrible que es su desperdicio, tanto por la huella de su producción -y si no me apuran- como por quienes no ven llegar comida alguna a su plato.
De igual forma, la frasecita me siguió varios días y retumbó al pensar en nuestra forma de habitar, en nuestra forma de abigarrar el espacio que requerimos para instalar nuestra humanidad. A ese pensamiento me llevó el Artículo de Reflexión, Cuando el suelo cambia, el agua también: cómo el uso del suelo influye en las inundaciones, a considerar hacia dónde va el agua cuando bloqueamos su permeabilidad, cuando le arrebatamos su trayectoria, cuando no nos permitimos convivir y cohabitar este planeta.
Para esas cavilaciones, no queda de otra que leer, que abrevar del conocimiento y generar ideas y más conocimiento, crear salidas y reconfigurarnos una vez más. Una buena opción es la Recomendación de mes, El reto de la sostenibilidad: Competencias y Conceptos Clave, sus páginas nos proponen formas de entender que no sólo debemos saber de la crisis climáticas, sino plantarnos frente a ella y actuar en consecuencia a partir de articular conocimiento y nuevas competencias sostenibles, para transformar nuestro modo de ver y modelo de pensamiento para poder abordar la crisis planetaria desde nuevos ángulos.
A veces quiero pensar que la verdadera esencia de la especie humana, es lo que desde esos lugares densos en los que caemos nos impulsa a buscar algo para reiniciar, para no soltarnos, reencontrar dónde volver a construir, dónde regenerarnos. En mi caso, ese algo son el tiempo, los espacios y el silencio. Largos o estrechos intervalos que requiero para reflexionar, para comprender. Siendo así, ¿qué tan artificial es tu silencio?
Susana Mateos; La Editora.