Las inundaciones forman parte de la historia de nuestras ciudades, pero sus consecuencias no dependen únicamente de la intensidad de la lluvia. Cada calle impermeabilizada, cada cauce ocupado, cada coladera obstruida y cada decisión urbana que ignora el funcionamiento de la cuenca aumenta la exposición de personas, viviendas e infraestructura. Por eso, cuando en 2025 comenzamos a imaginar un espacio nacional dedicado a este tema, la intención no era organizar un encuentro aislado. Queríamos abrir una conversación capaz de explicar el fenómeno en toda su complejidad y de mostrar que todas las personas pueden contribuir a construir ciudades más resilientes.

La idea surgió a partir del proyecto Tec-UFRO que tuve la oportunidad de liderar. En este proyecto desarrollamos InfraRisk360, una plataforma de gemelo digital para modelar inundaciones, identificar infraestructura crítica expuesta y visualizar escenarios de riesgo. Mientras avanzábamos en la investigación, resultaba cada vez más evidente que una herramienta tecnológica, por valiosa que fuera, no podía producir cambios por sí sola. Era necesario acercar el conocimiento a las autoridades, a las empresas, a las comunidades y a quienes toman decisiones sobre el territorio. También era indispensable escuchar sus experiencias y comprender las barreras que enfrentan para prevenir, coordinarse y actuar.
Así nació en 2025 el Foro Nacional de Inundaciones y Resiliencia. Su segunda edición se realizó el 7 de septiembre de 2026 en el Centro de Congresos del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México, bajo el lema De la gestión del riesgo a la transformación del territorio. La pregunta que orientó la jornada fue directa: ¿qué necesitamos cambiar en infraestructura, operación, regulación, financiamiento y cultura para pasar de una gestión fragmentada a un sistema integrado de resiliencia ante inundaciones en México?
Planear el encuentro implicó conectar agendas y lenguajes que con frecuencia permanecen separados. La ingeniería hidráulica suele concentrarse en la capacidad del drenaje; la gestión de residuos, en la recolección y valorización; la planeación urbana, en los usos de suelo; y la protección civil, en la respuesta ante la emergencia. El reto fue reunir estas perspectivas en una misma conversación y conseguir que cada mesa avanzara desde el diagnóstico hacia propuestas concretas. Detrás del programa hubo meses de invitaciones, confirmaciones, ajustes de horarios, definición de preguntas y coordinación logística.

Nada de ello habría sido posible sin el equipo del Tecnológico de Monterrey encabezado por Lourdes Liliana Turrubiates Campos, Directora de Servicios Académicos, cuyo acompañamiento permitió convertir una idea académica en una jornada abierta y ordenada. Agradezco también el respaldo institucional de Verónica Pedrero Padilla, directora del Campus Estado de México; de la profesora María Elena Olvera Luna, directora asociada de Departamento; y de César Eduardo García Ortiz, director de División. Su apoyo fue decisivo para que el Foro contara con las condiciones necesarias y pudiera convocar a actores con responsabilidades y experiencias muy distintas.
La jornada comenzó con las intervenciones de Paola Félix Díaz, de la Comisión Nacional del Agua; Gerardo García González, de la Secretaría del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible del Gobierno del Estado de México; Pedro David Rodríguez Villegas, presidente municipal de Atizapán de Zaragoza; y Sandra Estelí Reyes Vásquez, de Ruta Azul del Tecnológico de Monterrey. A lo largo del día participaron especialistas de la Asociación Mexicana de Hidráulica, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Universidad Autónoma Metropolitana, GIZ México, el Centro Regional de Seguridad Hídrica bajo los auspicios de la UNESCO, PetStar y Fundación Tláloc, además de profesoras y profesores de distintos campus, escuelas e institutos del Tecnológico de Monterrey. La jornada concluyó con la conferencia magistral de Bernd Rohde, CEO de IGECO México.

Las cinco mesas permitieron seguir el recorrido completo del agua en la ciudad. La primera examinó la capacidad y operación del drenaje y las fallas que aparecen cuando la infraestructura no se coordina con otros sistemas urbanos. La segunda abordó el efecto de los residuos sólidos en calles, barrancas, rejillas y conductos. La tercera discutió el tratamiento y el reúso como componentes de una gestión urbana del agua que debe superar el modelo de usar y desechar. La cuarta mostró cómo el riesgo se construye antes de que llueva, mediante decisiones de uso de suelo, urbanización e infraestructura. La última mesa integró estos elementos con el financiamiento y la coordinación institucional necesarios para sostener la prevención.

Durante el Foro también presentamos InfraRisk360. Sus mapas interactivos y entornos tridimensionales permiten explorar escenarios de inundación, reconocer zonas y activos potencialmente expuestos y comunicar el riesgo de una forma comprensible. La plataforma nació en el Tecnológico de Monterrey como resultado del proyecto Tec-UFRO y representa el vínculo entre la investigación que motivó el primer Foro y el diálogo que buscamos ampliar cada año. Mostrarla ante especialistas y autoridades permitió discutir cómo la modelación, los sistemas de información geográfica y la inteligencia artificial pueden fortalecer decisiones reales sin sustituir la experiencia local ni la responsabilidad institucional.
El intercambio confirmó que las inundaciones urbanas no se resuelven únicamente con tuberías más grandes. La infraestructura sigue siendo indispensable, pero pierde eficacia si la ciudad continúa impermeabilizando el suelo, ocupando cauces, reduciendo áreas de infiltración o permitiendo que los residuos lleguen al drenaje. También falla cuando no recibe mantenimiento, cuando las instituciones trabajan con información separada o cuando los mapas de peligro no influyen en las autorizaciones de desarrollo urbano.
Estas conversaciones son urgentes. En semanas recientes, una inundación asociada al colapso de un glaciar provocó una catástrofe en Nepal. En la Ciudad de México, las lluvias volvieron a interrumpir operaciones en el aeropuerto y afectaron vialidades e infraestructura. No son episodios idénticos, pero recuerdan que el riesgo adopta escalas y mecanismos distintos, y que ninguna sociedad puede depender exclusivamente de la reacción posterior al desastre. La evidencia científica muestra, además, que el calentamiento causado por las actividades humanas avanza a un ritmo sin precedentes. Vivimos un momento en el que prepararnos ya no puede posponerse.

Por esta razón, la presencia de las instituciones públicas en el Foro es fundamental. Necesitamos un compromiso mayor y más constante, pero estos espacios sirven precisamente para construir relaciones, compartir información y reconocer responsabilidades comunes. La resiliencia requiere coordinación entre quienes gestionan el agua, los residuos, el desarrollo urbano, el medio ambiente y la protección civil. También exige que la academia comunique mejor sus resultados, que las empresas participen en las soluciones y que la ciudadanía conozca qué hacer antes, durante y después de una inundación.
Las conclusiones del segundo Foro apuntan a cinco tareas: trabajar desde la escala de la cuenca; establecer mecanismos permanentes de coordinación; producir y compartir información útil; financiar la prevención y el mantenimiento; e impulsar proyectos piloto que integren drenaje, residuos, reúso, planeación territorial, infraestructura verde y participación social. Son acciones que requieren continuidad y que no pueden depender de una sola institución o de una temporada de lluvias.

El resultado más importante del Foro fue haber reunido a personas que suelen observar el problema desde espacios diferentes y haberlas invitado a construir una agenda común. Quienes participaron no recibieron una solución terminada. Se llevaron preguntas, contactos y propuestas que pueden convertirse en colaboración, política pública e intervención territorial. Ese es el propósito de esta iniciativa: que comprender el riesgo sea el primer paso para actuar.
Las lluvias intensas seguirán ocurriendo. La magnitud del desastre dependerá, en buena medida, de las decisiones que tomemos antes de que comiencen. La siguiente edición del Foro deberá encontrarnos con más instituciones comprometidas, más información compartida y proyectos capaces de demostrar que la prevención sí puede transformar el territorio. La resiliencia se construye desde ahora y necesita la participación de todas y todos.
Sobre la autora
Rosanna Bonasia es profesora investigadora de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, líder del grupo de investigación Water 360° y especialista en hidráulica, hidrología, modelación de inundaciones y riesgo urbano.
Lee el artículo que CONECTA realizó acerca de la plataforma InfraRisk360
https://conecta.tec.mx/es/noticias/estado-de-mexico/investigacion/inundaciones-desarrollan-herramienta-para-identificar-zonas?&utm_source=facebook&utm_medium=social-media&utm_campaign=addtoany&fbclid=IwY2xjawUeOEJwZG9mBWV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkEDIyMjAzOTE3ODgyMDA4OTIAAR4tF3yCdcK1JMU7AOT3Ms-AoECFKnVtKsuc9E7yG6r3HqQ9Ky3VP2X6helOmg_aem_6fUI1seN3oeyVeTtnMeHIA